Amazonia, Biodiversidad y Riesgos para Conservación de las Espécies

 Foto: AleCasagrande  - Nasua nasua
 La cuenca del Amazonas es la más grande del planeta, con una superficie de 7.250.143 km2, ocupa el 40,2% de la superficie de América del Sur y abarca parte del territorio de ocho países. Del área total de la cuenca, alrededor del 80% corresponde al territorio brasileño (VALOIS, 2003; LENTINI, 2005). Como dominio fitogeográfico, el bosque amazónico es la extensión continua más grande del bosque tropical (VALOIS, 2003; ALBAGLI, 2001), que alberga una biodiversidad de relevancia global y de gran potencial como recurso biotecnológico (FEARNSIDE, 2006; INPE, 2008).


La Amazonia está constituida por una gran diversidad biológica de plantas, animales y microorganismos, siendo considerado megadiverso (BATES, 2001). Estudios recientes indican que alberga al menos 40,000 especies de plantas, 427 mamíferos, 1,294 aves, 378 reptiles, 427 anfibios, alrededor de 3,000 especies de peces (RYLANDS et al., 2002), y estimaciones conservadoras. , alrededor de 2.5 millones de especies de artrópodos (ALBAGLI, 2001). Las comunidades de plantas y animales no homogéneas lo convierten en un mosaico de distintas áreas de endemismo separadas por grandes ríos, cada una con sus propias biotas y relaciones evolutivas.

En el caso de la herpetofauna en la cuenca del Amazonas, esta se considera la más diversa del mundo (Duellman, 1978). La lista de reptiles y anfibios, publicada por la Sociedad Brasileña de Herpetología (SBH; 2016), actualmente describe 1080 especies de anfibios y 773 reptiles, para todo el territorio brasileño. La Amazonía brasileña contribuye significativamente a esta gran riqueza, con más de 271 especies de reptiles registradas (AVILA-PIRES et al., 2007) y 232 especies de anfibios (DUELLMAN, 1999).

Sin embargo, estos números pueden estar muy por debajo de la realidad de este gran bioma, donde año tras año se describen nuevas especies (COSTA & BÉRNILS, 2015; Segalla et al., 2016). En el caso de los anfibios, por ejemplo, varios géneros presentan problemas taxonómicos, lo que contribuye a la incertidumbre de este número total (AVILA-PIRES et al., 2007). Los trabajos de inventario de especies todavía son bastante necesarios debido a las diversas regiones que siguen siendo pobres. o ninguna muestra (ÁVILA-PIRES, 1995; AZEVEDO-RAMOS & GALLATI, 2001; VOGT et al., 2001). Las regiones con intensa actividad antrópica y degradación de hábitats naturales como los estados amazónicos (VANZOLINI, 1986; BERNARDE, 2007), hacen que esta necesidad sea más urgente (VOGT et al., 2001).

Para los mamíferos, la distribución de la riqueza es muy heterogénea (CEBALLOS et al., 2005), ya que para otros grupos el Neotrópico es la región zoogeográfica con el mayor número de especies (COLE et al., 1994), siendo la mastofauna brasileña compuesta aproximadamente 701 especies (PAGLIA et al., 2012), distribuidas en 243 géneros, 50 familias y 12 órdenes, que caracterizan a Brasil como la región con el mayor número de especies de mamíferos en el planeta (Wilson y Reeder, 2005). (Foto: (AleCasagrande - Didelphis albiventris)



Además de tener la mayor cantidad de especies, Brasil es uno de los países que tiene la mayor cantidad de especies endémicas, con un total de 231, especialmente primates y roedores (FONSECA et al., 1996; LEWINSOHN, 2005; LEWINSOHN & PRADO, 2005). En este contexto, la Amazonía brasileña destaca por registrar 399 especies de mamíferos: seis artiodactilos, 16 carnívoros, un cetáceo, 146 murciélagos, seis cingulatos, cuatro peludos, 27 marsupiales, un lagomorfo, un perisodactilo, 92 primatas, 93 roedores y uno sirena (PAGLIA et al., 2012). El Amazonas tiene la mayor diversidad de murciélagos y primates en Brasil.

En lo que respecta a las aves, el Amazonas se destaca con la mayor diversidad de aves del mundo, con alrededor de 1.300 especies de aves, 265 de las cuales son endémicas, es decir, solo se encuentran en el Amazonas (MITTERMEIER et al 2003; VALE et al 2008; AHORRE BRASIL, 2018). Sin embargo, la gran cantidad de especies descritas para este bioma todavía no corresponde a su diversidad real (DE LUCA et al 2009). Incluso hoy en día hay pocos lugares en el Amazonas que presenten listas completas y detalladas de ocurrencia de aves (SILVA et al. 2005). Además, solo recientemente algunas especies han sido descritas científicamente y muchas están en proceso de descripción (TOBIAS et al., 2008). Por lo tanto, el número correcto de especies de aves amazónicas debería ser mayor que la clasificación actual y es probable que aumente en el futuro.


Foto: AleCasagrande - Ramphastos sp.)
El patrón de distribución de las aves amazónicas es otro hecho impresionante. La rica avifauna amazónica no está distribuida homogéneamente en el bioma, ya que la región es un mosaico de diferentes tipologías de fitofisiognomías y áreas endémicas distintas separadas por los ríos principales (RIBAS et al., 2012). Esto significa que hay especies de aves que se producen solo en regiones claramente delimitadas, llamadas áreas endémicas (SILVA et al., 2012).
Sin embargo, uno de los mayores desafíos que enfrenta este bioma hoy en día es la conservación de especies en un ambiente que sufre constantemente los impactos causados ​​por la acción antrópica (LAPS et al., 2003, CASAGRANDE, 2015). En general, la pérdida de hábitat causada por la destrucción o alteración de los entornos naturales es sin duda la principal amenaza para la diversidad biológica de la Tierra (Wilson 1994; CASAGRANDE & SANTOS-FILHO, 2019).

Las perturbaciones antropogénicas han causado varios impactos en la biodiversidad, alterando la dinámica de los ecosistemas y causando la pérdida de diversidad genética (ROOS, 2002). En el caso específico de la avifauna, el alto número de especies amenazadas se explica en parte por el hecho de que varias especies dependen de condiciones ambientales estables para su supervivencia (REGALADO; SILVA, 1997).

Esto hace de este grupo un buen bioindicador de los cambios ambientales, que responde rápidamente a dichos cambios y se utiliza para monitorear los ecosistemas bajo el efecto de la acción antrópica (ANDRADE et al., 2011). En este contexto, las aves silvestres son reconocidas como los mejores bioindicadores de los ecosistemas terrestres, especialmente los bosques (ANJOS, 2001). Las especies de avifauna ocupan muchos nichos forestales ecológicos y tróficos, extendiéndose desde el suelo hasta las copas de los árboles, lo que permite el análisis de estos entornos (ALMEIDA, 1998).

La mastofauna mediana y grande porte es una de las comunidades más afectadas por la fragmentación del hábitat debido a características como las grandes áreas de vida conservadas, que no es el caso en la mayoría de los ambientes antropizados (PRADO et al., 2008). Este hecho tiene consecuencias negativas para el mantenimiento de la biodiversidad, ya que, además de desarrollar roles fundamentales para el equilibrio de los ecosistemas y participar en procesos ecológicos fundamentales como el control de la población de especies que pertenecen a su dieta y la dispersión de semillas, los mamíferos aún actúan como indicadores biológicos que reflejan el grado de preservación de ciertas áreas (ABREU JR., 2009; MAZZOLI, 2006).


Además, los mamíferos medianos y grandes son de gran importancia ecológica (ALMEIDA y ALMEIDA, 1998), tanto en términos de estructuración de toda la comunidad de mamíferos (papel desempeñado por los principales carnívoros depredadores como los felinos), como en procesos relacionados con la regeneración forestal, como la dispersión de semillas (PERES, 2010), especialmente en el caso de primates frugívoros, quirópteros, ungulados, entre otros, y la polinización, además del papel de los depredadores de semillas. Ser capaz de actuar como indicadores de calidad de los ambientes forestales (COUTINHO et al., 1997; CLOZATO et al., 2008).

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